viernes, 18 de enero de 2013


LA BURBUJA COMERCIAL CHINA (o las bicicletas no tienen marcha atrás)

Vivo a dos minutos de un bazar chino. Es un local enorme, céntrico, emplazado en un edificio nuevo, que llevará funcionando como 6 años. Lo lleva gente joven, (2 ó tres personas -no sé si son las mismas o han cambiado-)  a veces vi a algún niño haciendo de traductor de sus mayores. Durante estos 6 años cada vez les he comprado menos; últimamente nada. Son algo más caros y ofrecen igual o menor calidad que el bazar español “todo a cien” que todavía resiste en Béjar.

Los chinos son muy desconfiados y también serios, no sé si antipáticos o es el abismo de la impenetrabilidad oriental, pero como simpáticos no se comportan. Creo que mi “bloqueo comercial” no está constituido más que en un 10% por xenofobia o nacionalismo. Quizá sea algo más de porcentaje, pero manifestaré que tampoco abomino de esta idea: es racional ayudar a los españoles, que además en su tienda venden mayor porcentaje de productos españoles. No me importa andar ocho minutos  más hasta el bazar nacional.

Lo que me ha ido sucediendo es que he ido comprobando que los productos en el establecimiento español solían ser los mismos o mejores y además podía cambiarlos, comentar, preguntar. En este comercio hay más calidez, más luz y lo encuentro todo más proporcionado, mejor aprovechado; me siento más a gusto.

El  bazar chino ocupa 300 ó 400 metros cuadrados y venden ropa fea, calzado horrible, herramientas dudosas, DVD porno, mercería, radios y pequeños electrodomésticos de marcas muy raras, juguetería cutre, pegamentos, menaje, “chuches” o golosinas infantiles, pilas alcalinas de corta duración, paños de cocina, carretes de fotos caducados, y larguísimos anaqueles de  adornos de gusto muy “chino” que no concibo quien puede comprar. Eso sí: operan los domingos, (no sé si pagan a hacienda más por ello) y prolongan su horario hasta las nueve de la noche.

La crisis económica española creo que ya les está afectando; ahora no abren ininterrumpidamente, -han empezado a cerrar para irse a comer-, y no creo que sea por falta de ganas de ganar -aunque sea poco- dinero, supongo que el gasto de luz, a pesar de que lo tienen muy poco iluminado (los ojos avecindados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos, tan hundidos y escuros que era buen sitio para tiendas de mercaderes, Francisco de Quevedo. El Buscón) no les compensa lo que vendieran en horario de dos a cuatro y media.

Eso sí, por lo que yo he visto, siguen acumulando mercadería: una gran furgoneta blanca conducida por ellos mismos, constantemente descarga cosas que se irán apilando en sus anaqueles. Las últimas veces que he entrado la impresión es que la tienda está cada vez más abarrotada: es la burbuja.

No sé si les está pasando que los productos que compran en los polígonos industriales chinos, que  al tener escasa salida sean cada vez más baratos, y ellos, que los han comprado a mayor precio antes, reinvierten constantemente, compulsivamente. Como me pasa a mí con los libros a un euro y con la música de liquidación. (adelanto, y contaré en otro artículo, que he comprado más de 200 discos de  música clásica porque en estos últimos meses que voy a Salamanca están liquidando las dos últimas tiendas de discos que quedaban, al final terminaron vendiéndolo al 70%, los discos que costaban 5 euros los he comprado a 1,50)

Habiendo visto yo lo que cuesta en Salamanca liquidar 20 metros cuadrados de CDs, que no fueron capaces ni a esos precios, ni después al 80% ya con el establecimiento cerrado.

(Con lo bien que se ordenan y se guardan los CD) considero imposible en menos de 15 años liquidar todo lo que los chinos han metido en este local. El plazo se amplia ilimitadamente para los adornos espantosos que mencioné antes.

EL OCASO

Es muy probable que la redada policial que se hizo en España hace tres meses, muy mediática, muy malintencionada, en la que sacaron al chino jefe de los polígonos, al lado de las palabras mafia y corrupción y de una poderosa imagen: carritos de la compra llenos de billetes (la contundencia del icono llegó al público más popular; esto lo he oído yo en conversaciones de autobús: “me conformaba yo sólo con un paquetito de ese dinero que se llevan los chinos para fuera en los carros del supermercado”) puede que todo esto haya sido el punto de inflexión definitivo en la aceleración de la crisis de los bazares.

No creo que estos chinos puedan hacer otra cosa que comprar y vender. Por lo que tengo columbrado, la crisis de los restaurantes chinos empezó hace tiempo (en diez años, aunque supongo que alguien habrá entrado, no he visto a nadie en el restaurante chino de Béjar. Siempre que he pasado por ese, también grande, local cuando estaba abierta la puerta, mi curiosa mirada único que ha hallado son mesas y sillas vacías) No sé como acabarán los chinos, que pagan gruesos alquileres o son propietarios de enormes locales que compraron muy caros y tendrán que vender a precios actuales.

Es horrible, y me da pena de esta gente, que después de atesorar, hundiendo en muchos casos las economías locales y parte de la nacional, vayan a dejar abandonados miles de adornos, herramientas, ropas, juguetes inseguros, que nunca debieron ser producidos, transportados, almacenados.  Pobres chinos españoles: pedaleando más y más fuerte hacia el abismo. Las bicicletas no tienen marcha atrás.

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