viernes, 24 de febrero de 2012

SOBRE LA REFORMA LABORAL ESPAÑOLA

Hace varias páginas escribí que era necesario revolver el problema del paro y llegó por fin la reforma laboral de 64 folios, que no me he leído. Sin filtraciones previas, se conoció en los mismos días que de la condena al Juez Garzón: noticia muy impactante, cuya fecha de aparición se podía calcular, y que amortiguó la reacción a la reforma. Por ese deseo de envolverla, no termino de retirar la frase de que “al frente de España necesitamos un valiente y yo creo que nos ha tocado un cobarde”.

Sin embargo la reforma, aunque equivocada, no es cobarde; más que eso: es temeraria.



Se dice, y es verdad, que los empresarios en España tienen pavor a contratar de modo indefinido (y, actualmente, temporal también). La razón era que para despedir había que pagar una gran indemnización 45 días por año trabajado, con el límite de 42 mensualidades: casi 4 años de trabajo, que es mucho. Esto produce rigidez y el recurso ilimitado a contratos temporales, y rotación de trabajadores para que no adquieran los derechos del contrato indefinido.

Para paliar ese miedo a contratar debía retocarse esta cifra. El retoque ha sido razonable: se baja a 33 días. Sin embargo, existe otra vía, la del despido objetivo, que será por 20 días, con el límite de 12 mensualidades, por unas causas tasadas que antes tenía que valorar y aprobar la autoridad laboral y ahora va a ejecutarlas libremente el empresario. Si los trabajadores no están conformes, deberán defender su derecho desde fuera de su puesto de trabajo, impugnándolo ante los tribunales (y  gastando dinero en abogados).

La relajación que se ha producido de las causas objetivas y la posibilidad del empresario de tener la iniciativa de poner a sus trabajadores en la calle, hace que el derecho al trabajo se haya jibarizado, (soy consciente de lo que he escrito: los jíbaros no sólo reducen la cabeza, antes matan al jibarizable). A partir de ahora el trabajador deberá ser más sumiso, estará siempre en el aire, porque el empresario puede, alegando que se han reducido las ventas tres trimestres consecutivos, (todas las empresas españolas actualmente pueden hacerlo) echar a cualquiera por un módico precio. Los conflictivos y los viejos primero, por supuesto, pero también las mujeres que cometan el error de ser madres.

Esto va a producir, en los próximos años, más paro nuevo que nuevos trabajos, porque, (además de la crisis), muchos empresarios aprovecharán para ir deshaciéndose de aquellos trabajadores.



MÁS EFECTOS INDESEABLES.

Ya he dicho que esta reforma reducirá la natalidad en el país del mundo que la tiene más baja: sólo tendrán hijos las amas de casa tradicionales y las adolescentes que se queden embarazadas y no aborten.

Y los hijos son importantísimo motor de la economía: primero está la alegría que dan, el deseo de proporcionarles lo mejor, los regalos de tíos y abuelos. Los niños son el futuro, la ilusión de vivir, de enseñar, de viajar, la fiesta, la animación. Los españoles nos extinguiremos a medio plazo.



Otro detalle de la reforma es que las empresas y administraciones públicas también pueden aplicar estos despidos sobre su personal laboral fijo, con la indemnización máxima de 9 meses. No cabe duda de que es justo que todos seamos iguales ante el despido. Pero sucede que muchos de los que trabajan para estas administraciones han conseguido su empleo sudando la “gota gorda” y compitiendo con otros para conseguir ese trabajo indefinido. Verse despojado del puesto a cambio de nueve meses de indemnización, creo que implicará el odio eterno irremisible por parte del trabajador a quien le expulse del paraíso de tranquilidad al que creyó arribar en el momento en que aprobó. Por eso, no creo que se ejercite mucho por las administraciones. Pero ahí está la incertidumbre.



Pondré mi propio ejemplo. Nosotros no nos compramos casa hasta que mi mujer aprobó la oposición. Mi actual paro no es dramático, ni lo será cuando deje de cobrar, pero en el caso de que echaran a mi mujer, la situación daría un vuelco peligroso.

¿Cuál es la decisión más lógica ahora para nosotros? Restringir el consumo; ahorrar en previsión de ese futuro, no cabe duda.

Puede que este sea el efecto más perverso que traiga esta reforma laboral: la caída de la demanda interna. Hay millones de empleados públicos y sus familias que, desde ahora, están en vilo; no comprarán un coche nuevo, restringirán sus vacaciones, no irán al restaurante, no renovarán su armario, tomarán menos cerveza, menos vino...

Porque eran la mejor parte del consumo: personas que tenían la vida resuelta y podían plantearse gastárselo todo -vivir al día- , porque siempre había un primero de mes en el que la administración pública no iba a fallarles.

Incluso los bancos que les han concedido créditos para sus hipotecas deberían pasar a estos clientes,  que tenían un sueldo seguro del que embargar, al apartado contable de “pagadores algo dudosos”.

Por supuesto, ya no les van a conceder el mismo crédito.



No voy a ser tan fatuo como para pensar que estas circunstancias no hayan sido tenidas en cuenta  por el gobierno de Rajoy. A lo mejor es una decisión valiente y acertada y todo esto dentro de cinco o diez años se sanea, es más competitivo, más fluido y libre y nos proporciona bienestar a la mayoría, pero estoy seguro de que muchos se van a quedar por el camino. No sé como recogerán a tanta gente de la cuneta.

Esperemos que sean muchos más los que ganen, que los que pierdan. El único miembro del gobierno actual que sepa yo que haya trabajado en una empresa privada es el Ministro de Economía. Se llama Luis de Guindos y va por Europa explicando las bondades de la reforma.

Pero arrastra otro indicio indeseable: su empresa se llamaba “Leaman Broders”.

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